miércoles, 11 de febrero de 2009

El rabo en llamas


Hace mucho, mucho tiempo en una vida muy lejana… yo quería ser creativa publicitaria. ¿Quién era ese yo? Una piba de veintipocos que deseaba “dominar el mundo”. Parece exagerado pero era lo que solíamos decir en esos días intentando sonar a chiste. Corrían los noventas, la publicidad estaba en su mejor momento y sin eufemismos se pagaba demasiado bien a cínicos imberbes, excéntricos de pelopincho y a todos aquellos que desearan extender su Visa de adolescente por tiempo indeterminado.

La mística de la publicidad de los 70s y 80s había desaparecido pero todavía quedaban metegoles en los pasillos y el deber tácito de concurrir a trabajar en zapatillas. Es que los creativos nunca envejecen. Existe un pacto implícito consumado en tiempos inmemoriales. Como en la “La máquina del Tiempo”, cuando te van apareciendo canas en las sienes, vienen unos Morlocks, te secuestran en el silencio del ocaso y te llevan al corazón de la Tierra para devorarte. Es eso o te convertís en un ejecutivo de rictus pelotudo y fiestas Gancia para el resto de tu vida.

Se necesita un ego galvánico e impermeable para continuar siendo creativo publicitario por el resto de tu vida. No es que sea algo difícil de conseguir tras miles de reuniones superpobladas de asistentes que ríen exageradamente de tus chistes, en el ninguneo público a tus ex-colegas donde te decretás más importante, o en los free-shops donde imaginás que sos una "persona de mundo". Y si alcanzás la tarjeta corporativa presentís que definitivamente has llegado a ser inmortal.
Es que cada uno de estos actos va produciendo la electrólisis que niquelará tu ego hasta hacerlo inexpugnable. Si el sueño del mundo es el éxito, la publicidad te lo ofrece sin demoras. Te lo valida con premios y le añade la promesa de la eterna juventud como cereza. Te lo ofrece con logo y el eslogan que dice: Adelante amigo, para usted será fácil. Cualquiera puede caer en la trampa con placer indigno. Caer feliz y ciego. Caer jactándose ante aquellos que sólo pueden llegar a ser simples y mortales.

La historia que deseo contar comienza en esa vida lejana. Una mañana o mejor dicho un mediodía (nadie arrancaba seriamente a trabajar antes de las 12), nos enteramos que había un nuevo presidente en la agencia. Un mail anunciaba que Mauricio Barragán, ex-directivo de Colombia, asumía funciones como CEO local. Para ponernos en contexto diré que un presidente de agencia es como un reyezuelo africano que básicamente puede hacer lo que le venga en gana. De ellos pueden esperarse las mayores atrocidades: racias étnicas, torturas, terror psicológico, time reports, prostitutas a las 2 de la tarde, fiestas en las que te obligan a ver las carnes del contador en un traje de Power Ranger, cafishos iracundos reclamando el pago de las prostitutas de las 2 de la tarde. ¡Los reyezuelos son tan crueles que hasta pueden decretar que vengas a trabajar con zapatos!

Para peor por los pasillos se escuchaban horribles referencias: que era drogadicto, que había tenido que escapar de unos árabes por robo de plutonio, que en sus tiempos libres vestía de Hering, que en su casa tenía muebles laqueados.

Las primeras semanas el hombre no mostró su rostro. Se mantuvo en las sombras como el Coronel Kurtz de Brando. Llegaba muy temprano y se iba muy tarde. Permanecía encerrado en su oficina y sólo se comunicaba a través de su blancuzca secretaria. Una noche a eso de las 2 AM, en un alejado ascensor de servicio, uno de los creativos llegó a divisarlo. Antes de que se cerraran las puertas de metal, pudo observar de lleno el semblante que lo dejaría traumatizado. Su descripción posterior fue breve y atronadora. “Es el demonio”, dijo. “Tiene un ojo de un color y y el otro de otro”. El pánico se expandió.

Mientras tanto se acercaba el evento publicitario más importante del año. La fiesta a la que todos deseaban asistir con tanto fervor como indolencia. La etiqueta indicaba desdén y canapés baratos. Por supuesto yo también estuve allí con mi actitud indiferente, no era algo que me demandara tanto ensayo. Conmigo venían El Croto, El Vasco y El Chela, que era un amigo que trabajaba en otra agencia. Estábamos con una copa de algo anaranjado en la mano, criticando despiadadamente algún comercial como debe ser, cuando de pronto irrumpió.

El Demonio era un hombre de unos cuarenta años, desencajado hasta en los más mínimos detalles, con un vaso de whisky en una mano y en la cara una sonrisa inestable que intentaba con mucho esfuerzo no caerse. Sospechamos inmediatamente que había algo más que whisky mezclado en sus facciones mientras nos miraba fijamente desde sus ojos bicolor.

–¿Han visto a los “comemierda” que ganaron el premio? –dijo con gesto congelado y pupilas ardientes.

Nos quedamos estupefactos (jamas había conseguido usar este adjetivo tan apropiadamente). No contestamos. No emitimos sonido. Nadie intentó siquiera tomar su próxima bocanada de aire.

–El año que viene seremos nosotros quienes subiremos al podio –dijo casi gritándolo a quien quisiera oír.– Seremos nosotros quienes levantaremos el premio a la mejor agencia del año.

-¡Nosotros seremos los ganadores! –dijo y bebió el whisky hasta la sequía.

Entonces recordó nuestra presencia: esos cuatro cuerpos tiesos que lo observaban.

-¿Cómo están amigos? Qué gran fiesta, ¿verdad? –mientras hablaba no pudo evitar que uno de sus ojos, creo que fue el de color verde, se adhiriera al busto de la promotora que ofrecía copas de champagne gratis.

-Hola bonita, ¿me das una copa?

La promotora habituada a la desagradable variedad de hombres que va desde el gerente de laboratorio que se presume irresistible hasta el CEO colombiano borracho, extendió una copa, manteniendo su sonrisa a la altura de la paga y luego continuó con su ronda sin inmutarse.

–Qué bellas que son las mujeres argentinas –exclamó El Demonio y sorbió el champagne sin escalas.

–¿Qué dicen si vamos todos juntos a festejar a Palermo? Me han dicho que aquí es el lugar caliente. ¡Yo invito!

De pronto, El Demonio se abalanzó sobre nosotros y abrazó al bulto humano de cuatro cabezas.

–¡Vamos para el BA News! –remató en el volumen de voz que deja de ser verguenza personal para convertirse en ajena.

El Croto, El Vasco, El Chela y yo debíamos tener expresión de estar poniendo un huevo porque nuestros ojos estaban muy abiertos, casi desorbitados. Pero evidentemente, El Chela fue el que los puso más grandes porque El Demonio se quedó mirándolo con fijeza.

–¿Y tú quién eres? –preguntó como si hubiera detectado a un extraño entre el palomar.

–Soy El Chela de la agencia Branding –contestó nuestro amigo con el tono indeterminado de alguien que se prepara para la explosión de una bomba o para poner un segundo huevo.

–Tú eres de los buenos. Tú también te vienes –dijo y lo abrazó aún más fuerte apretándolo junto al resto de nosotros.

Entonces, como si acabara de recordar que había dejado material volátil en el freezer, el Demonio giró y desapareció en la muchedumbre.

La pregunta surgió por sí sola y al unísono: “Qué hacemos”. La decisión no era sencilla porque todos deseábamos conservar el trabajo tanto como huir despavoridos.
Por suerte no dió el tiempo para que nuestros dilemas llegaran a ser más profundos.
Mauricio Barragán apareció con otro hombre al que jalaba del brazo. Este hombre tenía apariencia normal, lo que nos desconcertó. Tendría unos 50 años, raya al costado, camisa rosa y cara de ser un hombre higiénico.

–Amigos, él es Jaime Reyes. Nuestro Director Creativo en Chile. Un gran hombre.

Jaime se limitó a repulgar sus comisuras e inclinar la cabeza a modo de saludo.

–Jaime, nosotros estábamos pensando en ir a celebrar a alguna parte. Y quiero que nos acompañes. ¿Qué dicés?

Jaime se limitó a repulgar nuevamente sus comisuras.

–Entonces está decidido. Vamos. –concluyó por sí solo el Demonio.

En menos de cinco minutos nos vimos arrastrados hasta la puerta y allí el colombiano nos repartió en dos taxis y le indicó al taxista, en un dialecto irreconocible, que nos llevara al BA News en Palermo.

En el segundo taxi, el que seguía al de Mauricio Barragán y Jaime, íbamos El Croto, El Vasco, El Chela y yo. Nadie había pronunciado palabra hasta que el Chela dijo:

-¿Esto siempre es así?

Por supuesto nadie pudo contestarle. Ambos taxis avanzaban a gran velocidad por los corredores de la noche. Seguíamos al Demonio por Puerto Madero, El Bajo y ahora tomábamos la Avenida 9 de Julio. El obelisco se divisaba cercano, cuando repentinamente el taxi de adelante clavó los frenos en el medio de la calle. Vimos descender la figura del Demonio y la vimos atravesar la Avenida como si su rabo estuviera en llamas. Lo vimos menguar hasta hacerse tan chiquito que se extinguió por completo.

Al preguntarle a Jaime qué había ocurrido con Mauricio Barragán. Éste se limitó a dar un prolijo reporte: “Mauricio dijo que tenía algo que hacer. Que lo esperaramos en este lugar.” BA News estaba cerrando, de hecho tuvimos que suplicarle al encargado para que nos sirviera algo. Allí, juntos y en silencio, cinco cuerpos tomaban un trago con una misma pregunta en la cabeza: “¿Qué sueño de éxito soñaba ese hombre que corría desesperadamente por la 9 de Julio a las 3 de la mañana?”

La respuesta se hacía esperar, como Mauricio.

16 comentarios:

jose miguel dijo...

Muy enérgico y un tanto despiadado. Me recordó a Henry Miller en Trópico de Capricornio cuando relata su experiencia en la Compañía de Telégrafos de Nueva York. Beso

mara gena dijo...

oh, qué buen recuerdo. tengo que leerlo! me tentaste. beso y gracias. M

burocracia dijo...

me sentí un excéntrico de pelopincho durante un rato...

mara gena dijo...

no te preocupes yo he sido una excéntrica de pelopincho por años. Gracias po comentarme. M

burocracia dijo...

por cierto, la definición de excéntrico de pelopincho me hace acordar a los ejecutivos de la maceta de Quino.

mara gena dijo...

ejecutivos de maceta? me suena. Era de Mafalda? por favor desasname con ésta!!! besos. m

Anónimo dijo...

COMO SIGUE????? Q PASO CON MAURICIO BARRAGAN=???

Anónimo dijo...

Atrapado en el relato.
Magnific! Me identifiqué completamente con ustedes en el taxi. Esas encrucijadas dementes, que memorables! Cuántos Mauricios se cruzan en nuestro camino... Tu relato encendió mis recuerdos en el mundo publicitario, historias de esas que a uno lo ponen entre la espada y la pared...
Quiero más! Voy a ir leyendo todo ansiosamente. Magiador

... dijo...

gracias, era exactamente lo que necesitaba; una buena historia muy bien contada.

mara gena dijo...

Gracias. A estas horas de la noche (o a cualquier hora en realidad, pero más a estas horas en las que uno no está tan esperanzado) es el comentario que yo necesitaba.

burocracia dijo...

Sí, era de Mafalda, y se lo dice a su padre cuando lo ve hacerse el importante cuidando sus plantas. Y es en realidad una crítica irónica a la cultura "ejecutiva" que invadió la Argentina de los 60. ;)

Saludos,
e.

jose miguel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Muy bueno, me quedo ansiosa esperando, como un sexto cuerpo, que paso con el demonio...
De verdad, me gusto mucho, teniendo en cuenta que soy una persona que viste de hering muy seguido...

Anónimo dijo...

Muy bueno!!!
Quiero más.
Me sumo a la lista de los que quieren saber como siguen las desventuras de ese demonio comemierda.

Anónimo dijo...

este relato no tiene desperdicio. Es la IRONÏA hecha realidad y por escrito, me gusta mucho. Quiero más.

Anónimo dijo...

tu relato me parece una muestra de una de las peores épocas que tuvo la Argentina después de la dictadura, desde un lugar distinto lo cual lo hace más interesante, por lo menos para mí, y como dijo el antecesor el manejo de la ironía está muy logrado.